BIBLIOTECA PÚBLICA CENTRAL ESTATAL "MANUEL CEPEDA PERAZA"

HISTORIA DE LA BIBLIOTECA

En nuestro país las bibliotecas tienen sus antecedentes prehispánicos en los códices, estelas, jambas, dinteles hechos por los aztecas y otros pueblos que grababan para la posteridad sus hechos más sobresalientes. En la cultura Azteca, los Tlacuilos; entre los Mayas, los Ah Dzib (escritor-creador) y los Ah-Mendzib (el verdadero escritor copista), eran los encargados de “escribir” o plasmar en diversos materiales escriptóricos la historia de sus pueblos.

 

Esta manera de preservar la historia continuó durante la Conquista y parte de la Época Colonial. Los Frailes trajeron consigo sus propios libros y así se formaron las bibliotecas en iglesias y conventos. El acceso a éstas era restringido y selecto.

 

La historia de Yucatán y en especial la del Siglo XIX lo comprueba, ya que los numerosos sucesos ocurridos repercutieron hondamente en la vida cultural del estado. Así, los colegios, las academias, las asociaciones culturales y sus respectivas bibliotecas surgían y desaparecían al vaivén de los cambios políticos sin dejar huellas materiales. Por fortuna ha quedado la memoria impresa en libros, revistas y periódicos para construir su historia.

En la primera mitad del siglo XIX existían en Yucatán solamente las bibliotecas establecidas en las Instituciones educativas, en las religiosas y en las sociedades literarias. Estas eran las del Seminario Conciliar de San Idelfonso, de la Universidad Literaria, de la Academia de Ciencias y Literatura y de la Sociedad de Jesús María. Sólo algunas de estas bibliotecas ofrecieron sus libros a todos aquellos que lo solicitaron con tiempo, debido a la carencia de bibliotecas públicas.

La Biblioteca del Seminario Conciliar de San Idelfonso, fundada en 1751 continúo enriqueciendo sus colecciones y prestando sus servicios hasta 1861, año que fue clausurado un cumplimiento de las Leyes de Reforma; sus colecciones pasaron a formar parte del Colegio Civil Universitario creado en sustitución del mencionado, pero hasta 1863 se reintegré a la biblioteca.

A pesar de todos los contratiempos por las que pasado ya su larga existencia, esta biblioteca es la única de origen colonial que aún existe y sus valiosas colecciones de libros y documentos siguen siendo fuente inagotable de información para los estudios de la historia eclesiástica del Estado.

Al fundarse en 1848 la Academia de las Ciencias y Literatura, se estableció de inmediato su biblioteca y se nombró director a Don Fabián Carrillo, quien formó parte también de esa sociedad literaria. En esta época se vuelven a reunir en esta academia dos importantes personajes que siempre estuvieron ligados a la cultura de Yucatán, don García Morales, quien ocupó el cargo de Secretario de la Academia y el director antes mencionado. Hay que señalar que en un informe presentado por don Fabián el 20 de enero de 1850, especifica que la biblioteca ya contaba con 200 volúmenes más donados por los socios de la academia y también hace referencia a la fundación de otra biblioteca, en la Sociedad de Jesús María, quien comenta que: “le toca a una generación enteramente nueva poner los cimientos no de una, sino de dos bibliotecas públicas”

En 1854 se disolvió la Academia y su acervo hemerográfico se dispersó, pues no se le menciona en los informes correspondientes a la segunda época que vivió bajo la dirección de Don Justo Sierra O’Reilly.

La Biblioteca de la Sociedad de Jesús María se formó para apoyar los objetivos de la anterior academia, como eran la de “proporcionar diversiones lícitas y promover la instrucción pública” y de acuerdo con su reglamento, debía de ser accesible para los que sostenían con cierta cuota mensual y a las personas que introducían los socios y suscriptores “No se tiene noticia de cuando se cerró la biblioteca de la sociedad, pero lo que es evidente es que en 1856 ya no existía, puesto que no se menciona en el reglamento estatal correspondiente.

Por todas estas circunstancias era normal que se siguiera sintiendo la necesidad de que se fundara una verdadera biblioteca pública sostenida por el Gobierno del Estado, a la que éste le garantizara su permanencia aun en medio de los vaivenes políticos y esta coyuntura se dio por fin en Yucatán, el anhelado sueño de tantos hombres cultos e inquietos se dio con el triunfo de la República, que favoreció la llegada al poder del General Manuel Cepeda Peraza.

Desde los primeros días de su gobierno promulgó numerosos decretos para reordenar la vida política del estado, siendo uno de los más importantes el que decretaba la Creación del Instituto Literario del Estado y de la Biblioteca del mismo el día 26 de septiembre de 1867, en el local del Colegio de San Pedro.

Un año después de que se decretó la creación de la biblioteca, se fijó a través del Banco del Avío los fondos para formar las colecciones, al mismo tiempo que se reglamentó su funcionamiento. Bajo estas nuevas normas abrió sus puertas al público el 1 de octubre de 1868, en la planta alta del Instituto Literario.

La ley Orgánica de la Institución Pública del Estado 30 de junio de 1869, dispuso que la biblioteca pasara a depender del Consejo de Instrucción Pública y que se denominara “BIBLIOTECA MANUEL CEPEDA PERAZA” en memoria de su fundador, quien había fallecido meses atrás.

No fue sino hasta el 5 de mayo de 1879 que la biblioteca se traslado a un lugar más accesible, a la planta baja del Instituto, con entrada directa sobre le calle Progreso, hoy calle 60. Este hecho debe haber incrementado el número de lectores, aunque no el de los libros, ya que el informe señala que tenía escaso presupuesto de gastos. En 1894 la biblioteca fue trasladada a un local situado en la calle 59 a un costado de la iglesia de Jesús ( Tercera Orden) que había formado parte de la residencia de los Jesuitas.

En los primeros años del siglo XX, la situación de la biblioteca continúo mala, hasta que el decreto del 30 de enero de 1904 que dejara de formar parte del Consejo de Instrucción Pública y pasara a depender directamente del Poder Ejecutivo del Estado. En ese entonces se nombró director al Prof. Juan Manuel Vargas, quien de inmediato propuso que se cerrara para llevar a cabo una reorganización completa. Por esta causa la biblioteca permaneció cerrada durante 4 largos, lo que motivó las protestas de algunos grupos. Por lo que es de extrañar es que esta situación se diera precisamente durante el periodo del Lic. Olegario Molina, el cual pretendía ser de “Orden y Progreso para el Estado”, conforme al lema positivista en boga.

Después de haber permanecido cerrada por largo tiempo, la biblioteca se reabrió en 1907, pues en ese año se publicó su Catálogo General Alfabético, formado por el Prof. Vargas, en la cual se incluyó, además de la relación de los autores existentes en la colección, el Reglamento de la Biblioteca en las últimas tres páginas.

Hacia 1916, en plena época Revolucionaria en panorama que presentaba la Biblioteca no era muy distinto que en los anteriores años; el Gral. Salvador Alvarado, Gobernador del Estado (1915-1917) en un apartado de las Bibliotecas Populares por él creadas y de la Biblioteca Cepeda Peraza, comentando que esta última “Servía de base a las otras bibliotecas y que acababan de adquirir 397 volúmenes y 12 códices mayas de mayor importancia”

Durante el gobierno Socialista de Felipe Carrillo Puerto que coincidió con el periodo en que fue Secretario de Educación Pública en Lic. José Vasconcelos, se dio un gran apoyo a la instrucción pública y a las bibliotecas. El tiempo que gobernó Carrillo Puerto fue muy breve y a él siguió el de José María Iturralde Traconis, quien parece haber estado también interesado en el desarrollo de las bibliotecas. De sus informes de gobierno correspondientes a laos años de 1924-1925 es curioso hacer notar que en la estadística esta presentada conforme a las diez clases principales de la clasificación decimal “ Dewey”, sin que antes se haya hecho referencia a la adopción de este sistema para la organización de la Biblioteca.

Es hasta 1947 que se vuelve a tener información sobre las bibliotecas, durante el periodo del gobierno del Lic. José González Beytia. En dicho informe hace referencia a la creación de la Dirección General de Bibliotecas, de la cual nombra como director al poeta Luis Rosado Vega, quien antes había ocupado la dirección del Museo Arqueológico Yucateco y cuya misión sería la de “Controlar todas las bibliotecas oficiales existentes y realizar un plan técnico para incrementar las actividades bibliográficas en el Estado y llevar el libro hasta los rincones más apartados de Yucatán”

El 2 de agosto de 1983, el Presidente de la República Miguel de la Madrid Hurtado, estableció en Programa Nacional de Bibliotecas Públicas, que es el primer intento formal desde Vasconcelos, para dotar al país de una adecuada infraestructura bibliotecaria capaz de satisfacer las necesidades de información del pueblo mexicano. De acuerdo con las características geográficas, sociales y culturales, interviniendo para su éxito la entusiasta cooperación y colaboración del Gobierno Federal en coordinación con los Gobiernos Estatal, Municipales e Institutos o Dependencias Culturales.

La organización de toda la Red Nacional de Bibliotecas estuvo a cargo de la Dra. Ana María Magaloni Gómez Rul de Bustamante, yucateca de nacimiento, la cual estuvo a cargo de la Dirección General de Bibliotecas desde que se inició el programa hasta el 2001.

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